jueves, 28 de febrero de 2008

Adelante
El vientre de mi mundo
El lugar donde retorno
Obediente
Salmónido

Adelante
La vegetación del cielo
Los tabaquillos y los helechos

Adelante
La cascada madre
De un puñado
Chico
De consuelos.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Oculto detràs del anonimato, sin pensar uniones dolinescas. Después de leer este escrito, me pregunto de que se trataran los retornos, a pesar de creer que tambien he retornado a muchos lugares muchas veces, sin terminar de estar convencido

martin dijo...

Dejensè de joder... el Beko se cagò en el Toro Muerto y nunca se tirò del Nido del Aguila...Està trucada la foto y a lo ùnico que se puede animar es a la producciòn de TV...en eso, es MAESTRO !!!!!!
En eso, BEKO CAMPEON !!!!!!!!!!!!!!
GRANDE GORDO !!!!! Gracias a vos, todo el resto...pero no te tiraste y el pelau se te cago de risa...y encima ni viniste a lo del brasilero...teguallenarlacaraaboyosporjuntartecongringosgarcascomoelaleyelgonza...

El Rufián Melancólico dijo...

Un sinónimo de divagación es palabrería; puede que ésta sea mi única enfermedad del momento. Alguien, antes de salir a toda mecha ya que son las fiestas de su pueblo, dijo que tuvo un mal día; el fontanero que instaló el nuevo calefactor de agua también dijo que el día le había ido mal rodado; a éste último le dije que le quedaba toda la tarde y noche para rehacerse, para sacar al cuerpo del delito de su estado comatoso, ahora lo he recordado y me pregunto si mis palabras hicieron mella en sus acciones, si se habrá acostado con otra sensación en mente y cuerpo, si quizá, porque es un joven, estará por alguna de estas incendiarias e insoportables, por el ruido sin ton ni son, fiestas de pueblo: el verano es la quema de la calma, es el degüello de la paz, todos desean salir fuera aunque en ello les vaya la vida.
Me gustaria vivir en un pueblo o poblado de cuatro habitantes (solo nosotros cuatro amor); me pregunto si sería difícil encontrar una vieja casa y un trozo de terreno para vivir allá; lo haría ahora mismo, me echaría de cabeza sin pensarlo. No, sinceramente no soy un urbanita: las ciudades están para visitarlas, para dejarse caer por ahí y hurgar hasta hallarles la médula de lo que a uno le interesa; para vivir, para crear son un caos, es mi virginal opinión, cada uno merece tener la suya propia y opositar con ella frente y en la vida. Incluso los mismos urbanitas lo son por necesidad laboral y “existencial”, cuando caen las noches o los fines de semana se apuran en alejarse de las aglomeraciones, lo curioso es que en su huída crean nuevas aglomeraciones en autopistas, con autopsias incluidas, en las playas, en los montes con sus inocentes barbacoas, en los lugares más insospechados arrancando la muela sana de paz de ciertos lugares que en un tiempo fueron apacibles y tuvieron su encanto.
En la ciudad el tiempo te ve pasar y te zancadillea y atropella; fuera de la ciudad observas como pasa el tiempo sin preguntarte, ni falta hace, que puede traer el mañana. Toda urbe es un punto de referencia para ciertas actividades, pero la auténtica y sana actividad está fuera de ellas; en ellas se concentra lo valioso que se creo o se pensó fuera de su entorno.
Es pura palabrería, estoy de nuevo divagando, me callo y busco cobijo bajo los guiños de nuevas estrellas. Todo está ahí para ser descubierto desde el ángulo de la inocencia, como si nunca antes se hubiera contemplado, cuando lo consigo la vida tiene sabor a tutifruti, a un cacao nuevo, a ese helado que refresca sin manchar los recuerdos.
La escalera de Jacob que en física ayuda a comprender el fenómeno de la electricidad y en parte la teoría del magnetimo y las corrientes como fluidos recobra en mi, porque así me apetece, un nuevo significado: el de ascender aunque ello implicara hallarse de repente en los infiernos.

Sergio Felipe Mattano dijo...

Muchas palabras, pero sólo le envío un abrazo.
Quedamos en espera del librete.
Serú.