lunes, 24 de agosto de 2009

Lawn tenis club

A sus ojos rojos de agotamiento.
A sus pieles oscuras de resentimiento.
A sus silencios de… quiero sobrevivir a cualquier precio.
A sus muecas cansadas que me dicen… no les des bola así son las cosas por estos tiempos.
A José, Marcos y Juan que tienen 40 años de desprecio sistemático encima.
A José, Carlos, Marcos y Marcelo que se refugian en esa piecita húmeda y oscura a comerse casi a escondidas un par de milanesas y a tomar algún fondito, alguna sobra caliente de gatorade que les mandan de la cantina o encuentran en algún banco de cancha.
A Gustavo que les tiene que sonreír 8 horas todos los días.
A Fernando que me quiere convencer de que no es mala gente, mientras en orden aleatorio doctores o empresarios le menosprecian la dignidad, lo basurean.
A José, Carlos, Marcelo y Marcos, que riegan, empolvan, limpian, cortan, sacuden, arreglan, ordenan, soportan, mienten, se agotan, mientras mueren sin jugar.
A Laura que se paso 5 años de su adolescencia sonriéndoles con inocencia sin que nadie le preguntara el nombre, y el día que se decidió, se animo a pedir jugar al tenis una hora por semana, la echaron, la echaron diciéndole pibita, nena, querida, la echaron sin nombre. A Laura que adorna con sus sonrisas un mundo que se la coje y la tira.
A Mauri, que cada mañana encaramos juntos la crianza de una tracalada de hijos, hijos de cuervos, cada día que no llueve, estamos firmes con nuestros pasos de falsa conformidad frente a estos pichones dulces e inocentes, pichones de hienas.
Todos hijos de la desigualdad, unos con cintas en la nuca para sostener las muecas que nos hacen cobrar, otros siempre con el ojote en la cara porque nunca nada les alcanza, quieren mas, mas altura, mas efecto, mas seguridad, tienen miedo porque algo esconden, va… yo diría que no esconden nada, son una mierda que si nos descuidamos nos hacen soldaditos de su mierda naturalizando las desigualdades a cualquier precio, esencializan sus razones para violar mientras se esparcen, para poder decir que lo que tienen se lo ganaron deslomándose, para que podamos decir que lo que son es lo que hacen.
A Seba que termino fundido en la ceguera por cerrar los ojos con fuerza, y pensar solo en dinero, salir y entrar con los ojos cerrados y los bolsillos angurrientos. Y toda la estantería de valores en oferta por un par de pesos manchados con caca.
A Fabricio que es un hijo abandonado por la dulzura de una cuenta bancaria obesa, abandonado todo el día todos los días en el club, con un celular y unos billetes, que con sus 7 años cumplidos, ostenta en sus ojos la infancia muerta.
Cada uno a comprender a quien ama, a quien odia.
A creer que los hijos de puta pueden cambiar, porque de lo contrario el intento de alguna paz es una triste impostura de sujetos inconsecuentes y conformistas.
Uste sabrá si intentar cambiar algo desde el amor o desde el fierro.
Yo quiero, hoy, de la comprensión una lucha.

3 comentarios:

SolDePreludio dijo...

Pensaba. Cómo las personas traducen en sus gestos la vida.
Los de cabeza gacha, la mirada triste, el silencio.
Los de postura altanera, ojos soberbios, la palabra que impone.
La realidad en sus muecas. Y qué será la realidad, su realidad, o la mía.
Me pregunto entonces, si elijo sonreir, para hacerme la tonta o para hablarle al otro, y hacer de mi mueca una lucha.

Barnes dijo...

Desubicado ale, Excelente! me alegra que estés laburando allá para que figures estas cosas. Algunas frases se fueron a la mierda, hace mucho no pasaba a leer. Excelente, de nuevo. Abrazo.

Maria Belen dijo...

guau. pura verdad.