lunes, 28 de junio de 2010

Patio O!

Agrego círculos rojos como letras en la espalda mordida de esta lapicera.
Las agrego con esperanza en las frases que no quiero ver morir.
Sin seleccionar / cuidadosamente / nada / saco una palabra del bolsillo y la pongo.
Re-siento esa palabra que nos junta en estas calles gastadas.
Cansadas de tanto festejo mundialista para tele8 de universitarios disculpados.
¿Donde festejaban los que siempre mantuvieron en su gloria al Diego?
¿Donde los que abrazan esperanza porque necesitan abrazar algo más que el dinero que no les sobra para irse a dormir y animarse a despertar?
¿Donde fueron a festejar esas familias que cuando salen se acuerdan de intentar la changa y encienden el fuego de sus asadores choriceros en los núcleos del gentío?
Fueron a festejar trabajando.
La pasaron muy bien, se quedaron hasta que los mas alborotados se fueron a dormir dejando toda la mugre en la calle que no les pertenece, en la calle se quedaron las familias aguantando el puesto, aprovechando las ultimas brasitas, comiendo ellos, cagandose de la risa, y la pasaron como la puta madre, porque ellos ganaron aun mas que todos los otros, ellos prendieron las velas para que a maradona no se lo termine de llevar por delante la merca, ellos fueron tomando las calles de la peatonal para vender la cara de los dioses terrestres que también pagan sus impuestos de vida con sangre que a veces también, como a todos, les brota del culo.
Probablemente la verdadera cara de los verdaderos dioses que aun alimenta la humanidad, que se yo, un maradona, un rodrigo, un indio, un sandro, una gilda, un gardel, un gimenez, una eva, una copa del mundo para tomar algún vino de caja. Una copa del mundo que sirve para mamarse. Esa si que es buena.
El giro funcional de los sueños.
La materialidad más fecunda de la fantasía.

¿Desde cuando las palabras solo sirven para esquematizar valores?

Esa es la foto que vi y no quise sacar.
Esa es la postal mas justa para dejarla tirada ahí.
Donde tevez es hermano y messi primo segundo de un amigo.
A ver si por andar embobado en eso de analizarlo todo tanto pensaba de más y me dejaban afuera de la foto
del verdadero equipo.

¿Viene con chimi che?

sábado, 26 de junio de 2010

Que Lorca mi viejo

¿Bilateralmente? convendría comenzar por el final, al menos uno de los finales, aquel intrascendente que me tiene dándole rosca a la manija de la puerta de un Torino blanco. Gabriela, Susana y el gordo canoso me dicen al unísono que me suba, que entre, que me acercan hasta donde yo quiera. La actividad en mi mente se concentra en la posibilidad de ingreso negada por esa maldita puerta, por esa maldita cerradura; sin embargo ese pensamiento dura nada, el vino o mas bien los vinos de recién, el porro de hace un rato y todo un día de cuento me incitan a no entrar al Torino; hay algo que me dice que debo apostar por la jarana. Ya que el frígido Torino que no me abre la puerta es la metáfora del final, o al menos el Torino es el mazacote de acero y carne que me remolcara cinco cuadras hasta la cama; y ahora que podría competir por el premio de los mas enfiestados, miro la manija negadora y la suelto; miro a los ocupantes que siguen fuertes y persistentes en sus "dales", ale, subí, que te llevamos, por la otra puerta;.... los miro, pienso, y les digo: vayan no mas porque me enfieste y voy a intentar no volver por ahora. Se fueron. 2 segundos tarde en arrepentirme de no haber subido. ¿Que voy a hacer yo solo acá, en la megalópolis de las Papas, con esta pinta de croto, con este olor a billetera flaca? ¿Que voy a hacer yo solo, a las 2 de la mañana, en la ciudad de mis ancestros? si. La ciudad de mis ancestros vino hoy a ser, paradójicamente, el espacio mas ajeno, ¿mas ajeno? vendría a funcionar dialécticamente como una porción de la historia personal que por negada no deja de perturbar.
Inmediatamente el gordo canoso que reventó una copa de vino en el bar y se quedo como tildado toda la noche, acelero su viril Torino hacia las montañas, hacia el vientre de piedra que da soles a nuestra luz. También inmediatamente sin proponerme ningún giro extraño, seguí caminando en la misma dirección de mi cama, y me fui llevando la fiesta en la cabeza, todita para mi; me acosté con ella, y dormí como un bebe olvidado, sumergido en un tiempo y un lugar que prácticamente no me registra, no necesita de mi fuerza, no necesita de mi fiesta.
Ese fue un final; lo más interesante se dio al comienzo, pero no deberían entusiasmarse mucho con leerlo porque es imposible de narrar. Al menos es imposible reconstruir el calor, la sensación de estar en el infierno. Infierno que me acogió la tarde que llegue a la ciudad de las papas. Hacia un calor prometedor de tan agresivo, no hacia falta ser garcía Lorca para sentirse como dentro de un horno, un horno que estaba cocinando lo que vendría mas tarde, ninguna sorpresa. Pero vamos por partes. “Calor – Lorca, que calor que Lorca” me repetía después de bajarme del colectivo (lo del viaje es historia aparte, ya me tatuare algún indicio). Caminaba y no podía pensar en la táctica del día, en el futuro estratégico de la poesía y sus mezquindades, no podía nada, solo repetirme, obtuso, entre dientes, ¡que Lorca mi viejo! ¡Que mierda are yo acá! ¡Quien me manda a venir un día que todo se derrite!
Pero bueno, allí estaba, caminando con inercia en dirección al único punto fijo de la ciudad, “Balbi Funcional”. Balbi es el único lugar que si ó si hay que visitar; es en estas tierras abandonadas al polvo, el santuario del capitalismo sin clase, donde por 100 pesos todavía se puede hacer una buena compra. En el camino incendiado por el Lorca, mire pausado la media pulgada de mi celular pantalla plana y raspada, mire la hora; y cuando pude reconciliar un hilo del entendimiento, cuando pude reconciliar la conciencia, atine a decirme íntimamente: ¡La re puticima madre! Son las 4, Balbi esta cerrado hasta las 5, ¿de que me disfrazo con este Lorca?
Hay ciudades particulares, podría decirse que todas lo son, hasta aquellas que son particulares por no ser particulares. Villa Dolores es una ciudad donde su gente reconoce su situación, por eso cargan con la cruz del calor estoicamente; nadie llora en las siestas, nadie habla del calor, aunque falte el aire, la gente tiene los pensamientos tibios, viven de la esperanza de que refresque. La prueba: es la ciudad de Córdoba con mayor índice de heladerías por individuo.
Aquella siesta que imperceptiblemente protagonizaba con descuido, me freno frente a la plaza, frente a una heladería bien chiquita y humilde. Después de pensar / decir; ¡que Lorca loco! Entré. La marca de helados que distribuía aquella heladería era de Mina Clavero. ¿Acaso era un intento de refugiarse en lo conocido? ¿Acaso fue el último manotazo de un ahogado en el calor buscando algún splits del consuelo? Ya estaba adentro antes de cualquier pregunta, antes de todas las respuestas me había olvidado de todo; en mi mente crecía nuevamente el tumor de un sintagma entupido; “Lorca” “que Lorca” “la mierda”… ¿helado?, yo no quiero helado, ¿tienen gaseosa? Fanta por favor. ¿Tienen hielo? Bueno, no importa.
Me siento, al ratito me increpo, ¿querías gaseosa?, me contesto: algo había que consumir, es cierto, pero ¿Qué querías realmente? Quería un ambiente más fresco, quería un geniol bien fuerte para el dolor de cráneo que nace en mi ojo derecho. Probablemente quería una amnistía con el ambiente, mostrarle una bandera blanca del cagazo para ver si aminora el furibundo Lorca.
Escueta era la heladería, Gordo su dueño, pícnico digamos, sobre todo pícnico en su carácter, amistoso, leal, pueblerino, mas, el gordo pícnico parecía fundamental, casi como un intestino de este pueblo, un embrague para las relaciones: en una hora reloj dio un pésame, seguido de muy profundas condolencias; dio una palmada a un flaco que parecía como estancado en una angustia panda, angustia de dolor, dolor de muelas decía, el Gordo pícnico sabia, lo se por sus ojos, que el dolor nunca es de muela, por eso lo palmeo como a un hijo que se cae de la bici, lo palmeo como un padre. Dio tres felicitaciones; una importante y larga a un tal Ramón, hombre menudo y escueto de charla que dijo después del “hola gordo”; “para estas fiestas van a dejar salir al Carlos de la cárcel”. El gordo en un tono siempre certero, lo felicito, hablo de la importancia de las fiestas, de la familia.
En una hora reloj; yo hice 17 movimientos intrascendentes, fantasmales casi. El gordo pícnico, heladero, bonachón y encima fiador; en una hora reloj dio un pésame, tres felicitaciones, fió un helado de dos bochas con gustos clásicos y tiro como si fuera una ametralladora moderna algo así como 59 chistes, uno mejor que el otro, lo juro.
Lo único que atine a decirle al gordo fue lo siguiente: ¡¿que Lorca no?! Acto seguido, el gordo me miro, seguro pensó en lo idiota de los adolescentes, en lo carcomido que tienen el cerebro por las computadoras… los pensamientos del gordo salían por altos parlantes, sus ojos eran la transparencia, la sinceridad extrema.
Sorbiendo mecánicamente gotita tras gotita de Fanta se hicieron las 5 de la tarde, el deber me llama –pensé- pensé en las ofertas de la Balbi, pensé en su epíteto “funcional”; pensé que su dueño era un poeta del carajo; certero, provocador con fundamento. Balbi era muchas cosas pero sobre todas, era funcional.
De la heladería me fui sin saludar, intentando hacerme imperceptible. A Balbi entre saludando, mostrando el pecho, caminando como pato paspado; probablemente era el único lugar que me esperaba en esa ciudad; el único lugar en el que no era un extraño.
La compra fue mesurada, por la billetera y por la oferta, un desengaño: hoy ya no se puede hacer una buena compra ni con 200 pesos. Pero al menos había aire, calzoncillos y medias 3 por 1.
Una hora robada al día; nada de Lorca, nada de mirar el celular, nada de esperar nada. Comprando se va el tiempo y Balbi a pesar de todos los pesares sigue siendo un lugar que invita a los sujetos perdidos, los lleva como niños, los extrae del tiempo, les convida de su vértigo, luego les cobra y los abandona nuevamente en la vereda, casi como a mi.
Las 6 de la tarde, una compra hecha a medias, papa noel compro fundamentalmente medias y no es triste, son de oferta. Las 6 de la tarde, una bolsa, mi cuerpo en la vereda, sorprendido. ¿Por qué? ¿Lorca acaso? No.
No, me repito, no!. La puta madre, estaba cayendo sobre la ciudad de las papas la lluvia más torrencial que se halla visto de acá a 30 años en reversa.
El paisaje era otro. Las veredas como enjabonadas por el barro, la tierra, como guadal resistiéndose a la humedad, las calles como ríos, no jodo, las calles marrones con espuma como los ríos de la sierra cuando crecen; las calles sin las calles, autos anclados, gente descalza, miradas perdidas en la lluvia, el cielo cayéndose a baldazos, automovilistas imbuidos en el terror de las piedras, el Apocalipsis de los automovilistas, piedras que impartirán justicia, piedras que también crucificaran a algún inocente, porque la fe es obtusa.
Miro abstraído y pienso casi de memoria en aquel poema de Ceferino Lisboa que proclama rudamente sus vocales ásperas en el aire y las convido al paisaje:

Brasas

Sólo porque el silencio
Es una piedra arrojada
Sin destino
Adhiero a los reclamos populares

Su confianza en un sistema roto, pienso –escribo-
Sólo es entendible
Por esa confusión
De las movilizaciones
Que se llama fe.


Las palabras, probablemente solo en mí, solo ese día, entre el Lorca y la lluvia final; probablemente solo a mí estas palabras me lleven al límite; a pensar la historia, las historias surcadas, preñadas por el caos y el azar. Inmensidad de hechos perpetrados por una mano ciega, la fe, una piedra en el vacío.
Vamos de vuelta; las calles como ríos, los ríos marrones como la tierra, la tierra resistiéndose a la transparencia del cielo. Resistencias, me digo basta, vos viniste para algo, anda, hacedlo y ándate.
2da. ¿Qué mas tenia que comprar? Un pista de autos para que papa noel quede fenómeno, me encamine al sitio tradicional de los regalos, me moje, pero no tanto.
Cuando entre al local una doncella de ojos celestes, de un celeste que se aleja del celeste predecible de los ojos celestes predecibles, era un celeste infinito y gatuno. Ojos celestes, de guardapolvo jardinero, de tacos de corcho, de piernas tatuadas. Estaba ella, limpiando el piso. Me frene. Se freno. Nos miramos. 2 segundos. Luego me dijo muy cariñosamente: pasa, dale, no tengo todo el día. Yo atine a decir una de mis frases instintivas, vulgarmente repetidas, no sin mirarla a los ojos le dije: “Perdóname la vida”.
De alguna manera estaba entrando yo como al arca de Noe, afuera el diluvio mataba ateos como hormigas, ahogaba incrédulos, apedreaba pecadores; yo solo quería un regalo. Lo mejor de todo era la situación puesta en perspectiva: la mujer del negocio era un ángel, híper sensual, desmesuradamente buena onda, yo tenia que comprar algo en su negocio, ella quería que yo compre algo en su negocio; y la cosa se ponía mejor mirando puertas afuera; el diluvio lejos de parar aumentaba su violencia, llegaba el viento como si estuviéramos en medio de una tormenta caribeña… deduje: hay una mujer hermosa, estoy descalzo en una juguetería, tengo 100 pesos para quemar, tengo mucho pero mucho tiempo hasta que pare de llover… este puñado de cosas, podría tal vez cambiarme la vida, esta vendedora podría pasar a ser mi mujer, mi compañera; este local de la felicidad podría ser mío, esta maldita ciudad podría ser mi maldita ciudad; no estaría mal con esas piernas. Todo resumiéndose a la fe que de tanto calor hace siglos desvaría.


martes, 1 de junio de 2010

A la memoria del poeta pampeano Bustriazo Ortiz

De sangra piedra
Crea universo agua
Evaporarse luego
Solos nueva mente
De sangra piedra
Destruye falacia tierra
Sumérgete amigo tieso
Deja esos ojos de odio
En fondo mas fondo
Turbio rio.
Acércate antes que el descuido
Llene las ventanas
Con persianas de silencio
Y los ojos de tu madre
Se silencien de inocencia.
Acércate.