miércoles, 8 de junio de 2011

Vértigo

Como sea pero es el último
después de éste jurame que cerras los ojos y esperas,
esperas un rato escuchando el silencio trunco
que deja tu respiración cuando tropieza
en el miedo de escuchar el viento que sopla
por la misma expansión convulsa
del primer vértigo.

Había una vez en un lugar plano y de vientos largos
había una vez un manojo de álamos desperdigados en el límite
había una vez un punto en el horizonte de tus ojos
había una casa con paredes de herrumbre y madera chirriante en sus pisos
había que ver cómo
en ese lugar, las cosas
refregaban en uno la noción vertiginosa
de las marcas que nos sobreviven,
las mínimas marcas,
la humedad del vaso aquel que en la misma barra hace 30 años
dibuja un circulo que lentamente hasta hoy se agranda.
Ese vaso que hace años dibuja un circulo en la madera,
ese vaso es el que sostiene el agua que está acá,
al lado de tu cama
de la misma agua es el agua que espera acallar
sin emoción
la sed de tu cuerpo,
y esa, ves, esa es la marca que desde hace unos minutos
dibuja el mismo vaso en la misma madera
ese es otro circulo que se agranda,
ves, ese círculo ya no mide el cuerpo del vaso
mide el camino que mide tanto como el viento
el viento es una marca de humedad en la madera
el viento es un camino que no mide un cuerpo
la marca tiene para dentro y para fuera
la misma cara del viento
la marca de agua que expande la madera
esta viajando lentamente
en un circulo que se agranda.
el vértigo era el nombre de la casa
el vértigo era el nombre de los álamos
El vértigo era la mancha que vivía
espolvoreando círculos
en el viento.

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