lunes, 7 de enero de 2013

Artista



Es laberíntico al extremo el asunto, un espiral que se quema irreversiblemente, una energía repelente hasta la ceniza. 

Alcohol en gel por las dudas y a la mierda el puente, la esquina, el barrio. 

Y así se vio desde lo alto y desde lo bajo, nubes densas. 

Un repique pastoso de la percusión sanguínea y en algún lado, mudo, el último libertango, suena. 

Ahí está tu fin de mundo. 

El apocalipsis de otro bendito negocio. 

En 2 minutos y 48 segundos el laberinto, el espiral, el gesto onírico del tiempo se hace espuma rabiosa y se chupa sol adentro. 

Asesinan al comandante de la orquesta, lo asesinan por salud, lo asesinan por educación o por puto. 

Buscando preguntas se ladran las respuestas. 

Estaba la jauría pidiendo hace siglos respuestas de sangre y el arrepentimiento, el luto posterior a la vergüenza de pasiones, me los deja cachorritos mirando la cámara con la cabeza de quien, de quien fuera. 

Eufóricos de melancolía. 

Hambrientos de un hambre crónica. 

El miedo mostrando el culo. 

El arte mirando para otro lado. 

Perros dedicando el acto heroico a sus madres, emocionadas perras que parieron como equilibristas de la muerte, dulces cachorros múltiplos, angelitos de este cielo. 

Y brindamos por el fin y el comienzo de nuevas eras y el silencio se vuelve un estruendo de sonidos maquinales y el jolgorio se sigue dando en la misma pieza, una maceta muerta, con dos colillas y un gallo.